Hace poco leí un artículo de National Geographic que me dejó pensando mucho sobre la salud mental. El artículo habla sobre el aumento de diagnósticos de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en mujeres adultas desde la pandemia, especialmente impulsado por la explosión de TikTok. Miles de mujeres se identificaron con creadores de contenido que compartían sus experiencias con el TDAH y las dificultades que enfrentan, lo que las motivó a buscar un diagnóstico y a consultar a profesionales en salud mental. Según el artículo, los diagnósticos de TDAH en adultos, especialmente en mujeres, se han duplicado desde 2020. Esto me pareció interesante, porque históricamente este trastorno se ha asociado más a niños y hombres.
Pero, ¿qué es el TDAH? Es un trastorno del neurodesarrollo que afecta el funcionamiento ejecutivo del cerebro, lo que implica dificultades en tareas diarias como la planificación, la memoria y la regulación emocional. Un estudio de 2013, realizado por investigadores de Harvard y la Universidad de Oslo, reveló que el TDAH se diagnostica con más frecuencia en niños que en niñas. Esto se debe a que las niñas tienden a mostrar más síntomas de inatención y menos conductas disruptivas, lo que hace más difícil su detección. Como resultado, muchas no reciben el tratamiento adecuado, lo que incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades mentales como ansiedad, depresión, abuso de sustancias e incluso presentar conductas violentas. Otra de las razones por las que el TDAH no se diagnostica oportunamente en mujeres es porque son expertas en ocultar sus síntomas. A las niñas, en general, se nos socializa para ser calladas, sumisas y "portarnos bien”. Esto nos lleva a enmascarar nuestras emociones, y en el caso de quienes tienen TDAH, a interiorizar la hiperactividad. En lugar de manifestarse físicamente, esta suele expresarse como inquietud mental. Muchas mujeres con TDAH logran éxitos profesionales, obtienen buenas calificaciones, etc; pero suelen enfrentar problemas para regular sus emociones, manejar impulsos o mantener el orden en varias áreas de su vida.
Lo que más me impactó (aunque no me sorprendió) es que los niños y hombres son diagnosticados más fácilmente porque las herramientas disponibles se basan en estudios que solo incluyeron a niños. Los síntomas en niñas y mujeres son distintos, y apenas se están desarrollando herramientas que contemplen esta realidad. Es crucial hablar sobre estos sesgos y brechas de género en la salud mental para crear conciencia y asegurar que las mujeres puedan acceder a diagnósticos y tratamientos oportunos. Debemos destigmatizar estas condiciones, que no son enfermedades, sino formas diferentes de procesar la información y de relacionarnos con el mundo.
Ser diagnosticado con TDAH no debe ser visto como algo negativo, al contrario, permite a las personas comprender cómo funciona su cerebro y desarrollar habilidades que les ayuden a llevar una vida plena y satisfactoria. Hay numerosos personajes públicos admirables que son prueba de que el TDAH no es sinónimo de fracaso. Entre ellos destacan Bill Gates, Jim Carrey, Simone Biles, Michael Phelps, Emma Watson, Walt Disney, Ryan Gosling, Robin Williams y Greta Gerwig, por mencionar algunos.
Creo que para alcanzar nuestras metas, el primer paso es cuidar nuestra salud mental y fortalecer nuestra inteligencia emocional para afrontar los desafíos que encontremos en el camino. Por eso me gusta hablar de estos temas, porque necesitamos difundirlos e invitar a las personas a buscar ayuda profesional certificada en salud mental. Me pregunto cuánto talento y potencial se pierde cuando las personas no diagnosticadas luchan por sobrevivir sin las herramientas necesarias, en lugar de enfocarse en alcanzar sus metas.
